Tras 25 años de negociaciones, la Unión Europea y el Mercosur han cerrado un acuerdo que promete transformar el comercio global, eliminando progresivamente aranceles y conectando a más de 780 millones de personas. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo calificó como “una victoria para Europa”, destacando sus beneficios para el empleo, las empresas y el crecimiento económico.
Cifras clave:
El comercio entre ambas regiones ya alcanza los 109.500 millones de euros anuales. La Unión Europea exporta al Mercosur materiales de transporte, productos farmacéuticos y piezas de automóviles, que constituyen el 35% del valor total exportado, mientras que el Mercosur envía principalmente ganado, piensos, productos petrolíferos y minerales (70% de sus exportaciones a Europa).
Con el nuevo acuerdo, se espera que las empresas europeas ahorren 4.000 millones de euros anuales en aranceles, mientras que países como España proyectan un aumento del 37% en sus exportaciones hacia Sudamérica. Además, se prevé un incremento significativo en las inversiones europeas en infraestructura, tecnologías verdes y manufactura en la región.
Obstáculos en el horizonte:
A pesar de los beneficios económicos proyectados, el tratado enfrenta importantes desafíos políticos. Francia, junto a otros países como Irlanda, Bélgica y Austria, busca formar una minoría de bloqueo para frenar el acuerdo, citando preocupaciones sobre competencia desleal y regulaciones medioambientales más laxas en los países del Mercosur.
El presidente francés, Emmanuel Macron,ya ha declarado el acuerdo como “inaceptable”, y los agricultores europeos se mantienen en pie de guerra. Las protestas, conocidas como ‘tractoradas’, han bloqueado varias capitales europeas, reclamando salvaguardas para proteger sus mercados ante los productos agrícolas sudamericanos más baratos.
El camino hacia la ratificación:
Para ser ratificado, el acuerdo necesita el respaldo del 55% de los Estados miembros de la UE, que representen al menos el 65% de la población del bloque. Sin embargo, la crisis política en Alemania y Francia, y la falta de consenso generalizado, retrasarán cualquier decisión.