En un contexto económico incierto, donde la inflación y la pérdida del poder adquisitivo golpean el bolsillo de los argentinos, la pregunta es inevitable: ¿aumentó el precio de la carne? Para responder a esta inquietud, conversamos con José Rogero, referente del rubro, quien brindó una mirada integral sobre la situación actual del sector.
Este cambio de hábito no solo responde a cuestiones económicas —el pollo y el cerdo suelen tener un precio más accesible— sino también a nuevas formas de alimentación, más diversas y adaptadas a diferentes presupuestos. “El argentino sigue comiendo carne, pero diversifica mucho más que antes”, agrega Rogero.
En su análisis, también destaca que el precio de la carne no se define únicamente en la carnicería, sino que está atado a una cadena productiva compleja. Uno de los factores que incide en los costos es el precio de los granos, insumo esencial para la alimentación del ganado. Así, cualquier variación en ese rubro termina teniendo un efecto en el valor final del producto cárnico.
Además, advierte que muchas veces los incrementos que se observan en el precio final tienen más que ver con la presión fiscal que con el costo de producción. “Cuando hay aumentos, en muchos casos son por la parte impositiva. Suben los impuestos en los comercios y eso, inevitablemente, se traslada al consumidor”, explica.