Sus dos mascotas, que quedaron encerradas sin comida, comenzaron a alimentarse de su cuerpo en un intento por sobrevivir.
Los testimonios recogidos indican que la mujer enfrentaba problemas de salud física y mental, que vivía sola, alejada de su familia, y que tenía un vínculo muy estrecho con sus perros. Un vecino recordó que “siempre podían oír a los perros en su jardín trasero”, hasta que de pronto todo quedó en silencio. Tras la conmoción que generó el caso, especialistas en comportamiento animal recordaron que los problemas de agresividad en los perros rara vez se deben a su raza, y que la socialización y educación temprana son claves para evitar conductas peligrosas. Una frase recurrente entre los etólogos es que “un perro se puede volver peligroso por muchas razones, pero en la mayoría de los casos, los humanos son los principales responsables”. Se destaca que el período crítico para la socialización va de las 4 a las 16 semanas de vida. En ese momento, el cachorro debe interactuar con los estímulos que serán parte de su vida adulta: otros perros, personas, sonidos, espacios públicos, etc. También se advierte sobre el riesgo de que los dueños no perciban señales de dominancia. “Si el animal empieza a mostrar su dominancia mediante un ladrido, un pequeño mordiscón o asustando al propietario y este acata esa orden, el perro entiende que ganó el lugar de macho dominante. Entonces, si se lo quiere retar en ese momento, el animal pelea contra quien lo retó”. Ante cualquier conducta fuera de lo habitual, la recomendación es consultar con un veterinario o etólogo de confianza, ya que los problemas abordados a tiempo suelen tener solución.