En el barrio Roque Sáenz Peña, conocido como “Las 800”, un vecino decidió transformar y cuidar una pequeña plaza a partir de su propio esfuerzo y sin recibir ningún tipo de remuneración.
A partir de entonces, comenzó a gestionar materiales y a trabajar con lo que tenía a su alcance. “Todo lo que ven acá lo fui encontrando en la calle, no hay nada nuevo”, explicó. Con elementos reciclados y donaciones de vecinos, fue incorporando macetas, juegos y detalles que le dieron nueva vida al espacio.
El trabajo también contó con el acompañamiento de algunos vecinos, que colaboraron con tareas puntuales y aportes. Entre ellos, destacó la ayuda para instalar un sube y baja y la participación de niños del barrio, que incluso dejaron su marca en el lugar con intervenciones artísticas.
Miguel señaló que su motivación es personal y está vinculada a su gusto por las plantas y el tiempo disponible tras su jubilación. “Es algo voluntario, me gusta y le pongo ganas”, expresó.
Para sostener el mantenimiento, también dialogó con vecinos de la zona, quienes accedieron a colaborar con el suministro de agua y electricidad para el cuidado del espacio. Así, la plaza se convirtió en un punto de encuentro para los niños y familias del barrio, impulsado por el compromiso individual y el trabajo comunitario.